26 de abril de 2011

nuvolari I: contando peldaños



Cuando estudiaba Arquitectura solía escabullirme de algunas clases para sentarme en el marco de esta ventana. Uno de los principios básicos que más pronto aprendí en la carrera es que todo es cuestión de perspectivas, un simple juego de espejos: la realidad varía según el punto de vista y los ojos con qué se mire. Desde entonces decidí dedicarme a buscar ventanas para ver el mundo, y ésta era una de las que más me impresionaba.

Arrojaba el vértigo en la cuneta y subía hasta el séptimo piso contando a cada paso los peldaños de la escalera. Por aquel entonces no me planteaba que pudiesen existir unas instrucciones para subir al cielo; porque, sí, la verdad es que estar sentado en el alféizar de aquel ventanal era sentirse mucho más cerca de las nubes que del asfalto. No sé en qué pensaba cuando estaba ahí arriba, creo que tan sólo miraba y sentía. ¿Te imaginas? Sentir, nada más... Parpadear a cámara lenta y respirar la lluvia recién exprimida, los silbidos del viento besando la piel, el ronroneo de los coches-hormiga, las farolas-luciérnagas iluminando la ciudad...

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