7 de abril de 2011

Kay

¿Sabes qué? Que me largo.


He vuelto a cansarme otra vez, a aborrecer todos estos puñados de sueños rotos.


Qué miedo me daba convertirme en Kay y clavarte uno de esos cristalitos de hielo en el alma. ¿Te acuerdas? Que explotase mi refugio-burbuja y que los pedacitos de vidrio te rasguñasen la piel. No podía soportar esa idea y sin embargo aprendí a ignorarla, a mirar hacia otro lado para poder comerte a besos sin sentir el miedo de abrirte heridas de aquellas que a duras penas tapan las tiritas.


Qué fracaso. De repente un día pasa una estrella fugaz y te dejas llevar por la inercia de su brillo. ¿Y lo demás? A veces basta parpadear para cambiar de vida. A veces, cuando menos te lo esperas, la Reina de las Nieves vuelve a por ti. Giras la esquina y ahí está, invisible, polvo en el aire tropezándose con tu aliento, dibujando espinas en tus abrazos y cambiándote el calor de la sangre por soplidos de invierno.


Que sí, que me voy en busca de otra ventana, otro agujero con vistas al mar.

4 comentarios:

la vida té vida pròpia dijo...

ens arribaran les teves paraules des d'aquest altre forat amb vistes al mar? ...

Farera dijo...

El mar es grande, y las perspectivas y ventanas abiertas, son infinitas, seguro. :)

Jei dijo...

y supongo que solo puedo decir: buen viaje

(sin puntos, si te parece)

Meike dijo...

Pequeña escapista, deja señales, que te planto un faro allá donde estés.

:)