11 de abril de 2011

crece la hierba

Creo que es imposible olvidar los sollozos de aquella voz en medio del desierto, palabras escritas por los rescoldos de la fuerza que aún sobrevivía en las profundidades de su vientre abatido, gritos sordos convertidos en viento, pidiendo acallar las miradas ajenas colmadas de compasión. No puedo soportar que me miren como si fuese a morirme de un momento a otro, decía. Se ve en los ojos, ¿sabes? Las pupilas delatan a aquellos que esperan mi último latido. Y esto sí que es enfermizo, insoportable.

Vuelven a mí las canciones-refugio, las tarareo sin darme cuenta, en el tren, en la ducha, en clase. Don’t panic, me digo, mientras me repito una y otra vez que crece la hierba en el primer cajón de la estación de primavera. Jodidos miedos y malditas dudas, siempre acechando el momento más débil para asaltarte en la esquina más solitaria de la ciudad.

El jardín está más bonito que nunca estos días. Las margaritas le sonríen al sol y brillan las luciérnagas al anochecer. Yo también quiero luz, sonrisas, ilusión. Créeme, no me apetece para nada volver a estar triste ni recaer en la apatía. Pero a veces regresan recuerdos en forma de brisa para teñir los días de melancolía, tormentas cargadas de noticias amargas, lágrimas asépticas que agujerean los paraguas. ¿Y entonces qué?


Perseguir las estrellas para no acabar como un pez en una pecera.

3 comentarios:

iTxaro dijo...

entonces qué??? pues entonces seguir hacia adelante, qué remedio

Jei dijo...

yo creo que la melancolía, los miedos y las dudas son parte de tu esencia. Lo bueno es que también te dejas atrapar por la luz, las sonrisas y la ilusión...

... visto desde la distancia, creo que tú eras más Paloma y yo Kakuro Ozu

:)

noelia dijo...

y yo en pleno duelo...como duele...