25 de junio de 2010

como si fueras a largarte después


El mar estaba más azul que nunca esta mañana. Anoche la luna se reflejaba en él y mis ojos se perdían como de costumbre entre las olas. Qué bien sienta un café con los pies hundidos en la arena y los débiles soplidos del viento acariciándote la espalda... Suenan las mismas canciones una y otra vez en mi radio particular y no me canso de escucharlas. Llega el verano y necesito la música tanto o más que el aire que respiro. La música, el aire y tu piel. Tampoco me cansaría nunca de sentirte temblar como si fuera la primera vez, como si fueras a largarte después (y no quisieras).

23 de junio de 2010

Neus

Neus ya hace tres meses que se fue y aún se hace raro entrar en casa y no encontrarla nunca sentada en el sofá de flores. A mí me hubiese gustado que echase a volar el día en que la nieve decidió vestir de blanco la ciudad. De hecho, cuando salí de aquella cafetería de Aribau y vi que la lluvia se había convertido en pequeñas motas de algodón que se enganchaban con las ramas de los árboles, me envolvió una especie de tristeza repentina y tuve la sensación de que tenía que correr a despedirme. Sin embargo, me quedé inmóvil. Ese día no quería que se marchase, no he querido que se fuese nunca. Pero el tiempo nos arrasa con su incesante fluir y, ante lo inevitable, creí que yo hubiera escogido una mañana como aquella para dejar de respirar, sintiendo como la asombrosa tranquilidad que desprende la nieve se filtraba por la nariz y teñía de luz los negros pulmones. Seguía inmóvil mientras miraba al cielo y se me mojaban los hombros cuando comprendí que Neus todavía no iba a alzar el vuelo, que estaría mirando al cielo como yo, desprendiéndose de la tristeza y aferrándose a la ilusión. Así que decidí hacer lo mismo y me apresuré a buscar a J para que me calmase el frío. La nieve duró tres días y ella unas pocas semanas. Tomar decisiones trascendentales no está al alcance de nuestras manos. Es el destino quién controla la agenda de la muerte, seguro que si no estuviese tan atareada elegía mucho mejor los momentos para llegar.