3 de septiembre de 2009

parábola

Ayer volví a sentarme de espaldas en el tren. A veces tengo la sensación de que giro en dirección contraria a la Tierra, y me da por pensar que tal vez si miro el paisaje pasar al revés a través de la ventana podré entender un poquito mejor el mundo. Allá cada uno con sus parábolas mentales.

Está nublado y el viento mueve las ramas de los árboles con esa tranquilidad que precede a las tormentas. Sus silbidos se cuelan por la ventana y me hacen cosquillas en los pies. No puedo evitar sonreír porque por fin ha llegado septiembre, aunque sea una de esas sonrisas que llevo más por dentro que por fuera.

He estado viendo Anatomía de Grey y como siempre me han entrado ganas de llorar. Tranquila, que no estoy triste. Es el otoño, que siento que ya empieza a treparme por los huesos. Y aunque pueda parecer que estoy algo nostálgica (que no es nostalgia, es esa palabra que trato de inventar porque no existe), me revientan las venas de ilusión.