21 de enero de 2009

tormenta



Imagíante que eres un pez y hay marejada, que las olas te empujan hacia las rocas y tu cola no te sirve de timón. O no. Imagínate, mejor, que eres un pez y se te rompe la pecera; que estalla, miles de cristales por los aires, diminutos trocitos de vidrio afilado y tú ahí, aleteando en el vacío. Concéntrate, ¿lo tienes? Bien, ahora cierra los ojos y dime: ¿qué sientes?

20 de enero de 2009

cumulonimbus


Hoy va a ser una de esos días en que me cueste tanto dormir. Me pasa siempre, después de haber despertado en tu cama. La noche siguiente de haber dormido contigo, sólo soy capaz de echarte de menos, me sobran sábanas y me faltas tú.

El hombre del tiempo ha anunciado la llegada de un frente polar. En clase de geología estudiábamos esas cosas. Las borrascas, los anticiclones, las masas de aire, los cumulonimbus... Qué graciosa es esta palabra. Cumulonimbus. Son las nubes enormes que provocan tormenta. Venía en tren hacia aquí y veía Barcelona a lo lejos, cada vez más pequeña, bajo un cielo de plomo cada vez más espeso. Había una nube negra muy grande encima de la central térmica de Sant Adrià y parecía humo saliendo de esas chimeneas tan altas. Es curioso como a veces me asusta la monstruosa ciudad, y otras, sin embargo, sus calles son como extensiones de mis venas.

Tenemos que comprarnos un chubasquero para las borrascas y una cometa para hacer volar las tristezas, bien lejos. También lo he apuntado en la agenda mientras estaba en el tren. Luego me he embobado mirando las olas y he empezado a pensar en los peces. ¿Cómo se deben oír las tormentas desde el fondo del mar?

18 de enero de 2009

agendas

El viernes fui a la tienda de magia de la calle Princesa. Pregunté por los espectáculos de los domingos y luego subí caminando hasta la catedral. De camino, por eso, me paré en la cafetería de siempre a tomarme un cortado. No suelo tomar café antes de comer, pero me apetecía escribir y al pasar por delante me entraron ganas de entrar, hacía muchos días que no iba.

Subí hasta la FNAC buscándola por las esquinas, aún sabiendo que estaba en otra ciudad. Tengo que dejar de comprarme cds sólo por la carátula, lo he apuntado en la agenda que me trajeron los reyes. Es roja y no paro de apuntar cosas para hacer con ella, sitios a los que ir. Me hace ilusión, eso que nunca he sabido usar una agenda. Tengo apuntado el horario del Aquarium, el día que tengo que matricularme en la facultad y lo que tengo que estudiar para las clases de piano de los miércoles por la mañana.

Hoy, debajo de domingo 18, tenía apuntado vuelve Abril y una sonrisa al lado. Ha llegado un poco triste de Alemania, pero yo creo que es el invierno ese tan frío, que le ha calado los huesos, y ahora se le está deshaciendo la escarcha de los párpados y por eso dice que tiene ganas de llorar. Estamos en su sofá tapadas con la mantita y se ha dormido abrazada a mí.

Hace un rato, se ha quitado sus zapatillas y ha sacado unas viejas del armario. Se las ha puesto y ha dejado las otras junto a mis pies.

- ¿Qué haces?

- Quererte - me ha dicho.

15 de enero de 2009

aviones

Abril está volando hacia Alemania. Yo corto verduras a trocitos muy pequeños mientras hierve el agua del arroz. Le he prometido que voy a estar bien, que seré fuerte estos días. Desde anoche que me estoy preparando para echarla mucho de menos y no estar triste. Nada triste. Por eso he escrito en la agenda que tengo que acordarme de sonreír.

Ayer por la tarde le vi algo raro en los ojos, pero creo que sólo eran las pocas ganas de irse tan lejos a pasar tanto frío. No hay nada mejor que despertarme con ella por las mañanas. Aunque sea tempranísimo y tengamos que ducharnos muy rápido para que no llegue tarde a trabajar. Me encanta ver cómo se le despegan los párpados (y vestir de besos sus bostezos).

Le mandaré un montón de abrazos está noche, antes de irme a dormir. El sábado vuelve a estar aquí. Sólo son tres días. Estaré bien, lo prometo -aunque me den un miedo horrible los aviones-.

6 de enero de 2009

actos reflejos


Las luces de Navidad se apagarán dentro de un momento hasta el año que viene. Cae aguanieve en la calle y no consigo que se me calienten los pies. El termómetro no marca más de cuatro grados y no estás aquí. Suena Invierno en mis oídos. Voy a comprarme el último CD de La Habitación Roja el próximo día que pase por la FNAC. Mañana, quizás. Iré a tomarme un café a ese lugar tan pequeñito de la calle Llibretería, escribiré un ratito en la libreta y luego cogeré el metro hasta Verneda. Esperaré que salgas de trabajar y vengas a buscarme y sonrías cuando me veas. Me gusta que sea lo primero que haces cada vez que me encuentras. Un acto reflejo, como el beso en la boca que te doy al instante yo. Es genial. Aunque ahora tenga frío y tenga que tragarme las ganas de abrazarte. Me he dormido esta tarde en el sofá viendo Un hombre lobo americano en París, justo cuando la chica rubia y delgadita se tiraba desde lo alto de la Torre Eiffel y el prota saltaba detrás a rescatarla. De repente nos he visto ahí arriba, tú y yo. ¿Te imaginas? Qué vértigo da, sólo de pensarlo. Y no sé si es la altura o lo pegada que estoy a ti. Me he puesto a mirar fotos hace un momento y… y… A veces te abrazaría tan fuerte que tengo la sensación de que nos romperíamos. En mil pedazos, como un espejo. Por eso me entra el mal humor y bajo los ojos al suelo. Porque si te miro, reviento. Como cuando nos tenemos que ir y no encuentro la forma de expandir el tiempo, o cuando te digo que te quiero y se quedan pequeñas las palabras. Les falta sentido. Y hoy me sobra el frío tanto como me faltas tú. Pensarte no es más que otro acto reflejo.

2 de enero de 2009

coldplay


Se me va a poner la piel de gallina cuando esta tarde suene Coldplay en la radio. Siempre repiten las mismas canciones, a la misma hora. Sonará a las siete y te echaré de menos. Sonará pasadas las diez y me crecerán serpentinas en las rodillas. Y justo antes de la una, cuando esté quitándome el delantal y poniéndome la chaqueta para irme a casa, volverá a sonar y se me encogerá el estómago con el ooh ohh del final. Ya habré perdido la cuenta de platos, cañas y tacitas de café, y sólo tendré dedos para contar las horas que faltan por verte.

1 de enero de 2009

dosmilnueve

Vestido azul con capucha, botas negras y raya oscura en los ojos. Qué guapa estás, dice Abril. Es el primer año que consigo comerme las uvas sin que me dé la risa en los cuartos. Enero otra vez, jueves uno del dos mil nueve.

Llego a casa con un mechón menos de pelo, algo de resaca y su olor en la piel. Dieciocho horas pegada a su sombra y todavía no me he cansado de besarla. Soy insaciable cuando es ella la que me da de beber, cuando se torna agua el echar de menos, se hacen líquido las miradas y se diluyen los abrazos en el pozo de los sentidos.

Cierro los ojos y todo da vueltas. Gira, el mundo gira a mil por hora y yo salto con los dos pies sobre el calendario; qué ganas de estrenar el primer día a su lado. Despierto con mi boca en su nuca y le soplo flojito al oído. Se da la vuelta, abre poquito a poco los párpados y suelta media sonrisa tonta mientras se despereza. Sábanas amarillas, chocolate con churros y agua ardiendo en la ducha.

A veces, cuando nos abrazamos tan fuerte que siento sus latidos serpenteando entre mis costillas, tengo la sensación de que vamos a quedarnos pegadas. Es… como una especie de simbiosis. La siento dentro, tan adentro, que me cuesta respirar sin que se me tropiece el aliento.

Acostarme sola después de haber dormido la noche de antes con ella, es como intentar dormir con cuatro cafés de más en las venas. Palpar la cama a tientas, buscando inconscientemente su calor, y sentir como se van abriendo huecos en el colchón por donde se cae el sueño. Se cae el sueño y, sin embargo, crecen los sueños.