3 de noviembre de 2009

Tecum

Me encanta salir de clase y comprar flores sueltas en la floristería de la esquina de Diputació con Aribau. Esperarte al lado del tenderete de periódicos y saber que la palabra quiosco procede de la lengua persa, pasando por el turco kosc y el francés kiosque. Subir a tu coche y perseguir la luna por la autopista. Recorrer el paseo marítimo de punta a punta y parar a por un café en el bar Tiburón, uno de esos lugares tan peculiares y que tanto nos gustan, sacados de cualquier película de años ha. Que me sirvan un cortado en un vaso de cristal redondito y chiquitín, y que huela a mar el aire que entra por la puerta de madera abierta. No huelo nada estos días por la maldita alergia, pero conozco perfectamente el olor a esta hora de la brisa de invierno a escasos metros de la playa. Me encanta, llegar a casa después de cenar con tus besos aún colgados en mis labios, dibujar mentalmente esta imagen tal cual se le antoja a mi fantasía (una boca de algodón, unas perchas, unos besos en forma de burbuja y unos labios-tendedero de color rojo cereza), y meterme en la cama tarareando esta canción:

2 comentarios:

dintel dijo...

Te imagino: Póngame cuatro pétalos de rosa y mitja lliura de claveles. ;)

Yo quiero ir a ese café tiburón. Creo que me gustará la mezcla de olores y no tengo alergia.

Anónimo dijo...

Me gusta como escribes te sigo ;) chau excelent video...
saludos