27 de octubre de 2009

Groenlandia

Hoy es uno de esos días en que tiemblo más por vicio que por frío, porque no hace frío, en realidad, pero a menudo se me despierta el invierno que llevo dentro y a mis pulmones les da por transformar en nieve el aire que se me cuela por la boca al respirar.

Mi piel se convierte en un caparazón de hielo y me convierto en un pequeño esquimal. Y no te abrazo. Por miedo a escarcharte, quizás, pero no te abrazo. Te miro con ojos torpes, en su lugar, mientras dejo que mis manos inertes se refugien dentro de los bolsillos del pantalón. Me tropiezo al caminar con los besos destemplados que no osan saltar de mis labios a tu boca porque son como trocitos de espejos rotos que no te quieren lastimar. Y sigo sin abrazarte porque el invierno de mi cuerpo ha decidido que hoy toca temporal.

Perdóname, por tanto frío. Por estos viajes inexplicables a Groenlandia y estas sobredosis de indolencia. Te debo un café, o un par de vinos. Pero sobre todo, un verano eterno.

3 comentarios:

Jei dijo...

acabo de auto-instalarme una bomba de calor interior :)

NubOsidad VaRiable dijo...

Jamás hubiese imaginado que alguien lo pudiera describir
tan graficamente como los has echo tu.
Yo solo lo llamaba
"babas de logtite que sellan palabras, y oxido en todas y cada una de mis articulaciones"

No os conozco, pero sois encantadoras y vuestra historia me parece ,através del blog,una de las más hermosas.

Saludos atrevidos

dintel dijo...

Vaya, vaya, yo como siempre bajando del guindo.

Ya noté algo de frío, pero pensé que era por la ventana abierta.

¿Qué hay que sea más bonito que deber un verano eterno?