19 de marzo de 2009

el mismo mar de todos los veranos


Seguramente fui a escoger el peor de los bares de toda la calle, aunque antes de entrar los hubiese tanteado todos. Un zumo de naranja natural servido en copa de cava. El capricho de cruasán lo guardé en el monedero justo en el momento en que desdoblaba el billete de cinco para pagarle a la chica del delantal y la gorra verde. El peor, seguro. Cómo odio que te atiendan sin mirarte un solo segundo a la cara. Me senté lejos del mostrador, de cara a la puerta. Y saqué mi libro de la carpeta después de darle un sorbo al zumo. Uno nuevo. De los quince libros que tengo en el primer estante, ocho están sin acabar, pero ayer volví a caer en la tentación de comprarme otro más. El mismo mar de todos los veranos.

Los títulos me inspiran. Me pondría a escribir mil historias cada vez que entro en una librería. Esta mañana me ha vuelto a pasar en La Central. Se me alborotan las ideas y empiezo a centrifugar palabras inconscientemente, a mil por hora. Hasta se me cansa la mano de escribir de mentira, porque no escribo, no. Llevo tres días vagando por Barcelona, tomándome cafés en bares recónditos que no paro de descubrir -tengo una extraña debilidad por las calles estrechísimas -, cafés a todas horas y no he sido capaz de abrir la libreta más que un par de veces, sin pasar de la misma página en blanco.

Cómo no me va a doler la cabeza si lo dejo todo encerrado ahí, si todas las letras que intentan salirme por las manos se quedan atrancadas entre los dedos y el papel. Debería subir a la terraza a tender alguna lavadora de pensamientos, lo tengo pendiente desde hace días, pero últimamente sólo me apetece subir a la azotea para respirar el humo de tabaco de manzana que desprendías el otro día haciendo círculos con la boca. Trepar por la vieja escalera de peldaños descompensados y tumbarme en la hamaca de rayas de colores a mirar las luces dormidas de la enorme ciudad. Se me antoja un silencio impropio, el ruido callado de las calles a punto de amanecer. Se enrojece el cielo mientras te respiro en este tejado. Me fumo tus sonrisas, aunque no sepa fumar. Tus sonrisas, y tu voz, tus besos, tu piel. Mucho mejor que cualquier otra droga. Qué ganas de que llegue el buen tiempo ya.

5 comentarios:

Jei dijo...

y no me cansaré de repetir que deberías hacer un esfuerzo de concentración (antónimo de dispersión, ya sabes xD) para escribir ni que sea una micro-historia, con su planteamiento, nudo y desenlace. A ver qué salía.

en mi poco experta opinión me parece una joya de post.

muaks!

SinMe dijo...

Estoy con Jei. Y también con lo que ha dicho.

Ok xD

La canción es tremendísisisisisisima!!! :D
Y tu suerte también... porque mira que encontrarme... aún no me lo explico.

Muah, pequeñaja.

Clémentine dijo...

Perfecto leerte un domingo :)

Yo también tengo ganas de que llegue el buen tiempo ya!

Un beso

Paula dijo...

jo, me encantaron esas calles estrechas cuando fui a Barcelona... y los edificios tan altos... te sientes más pequeña que nunca
dónde te metes pingo? ^^ Un petó!

NubOsidad VaRiable dijo...

Perdón por pasar sin pedir permiso
entraré de puntillas para no hacer demasiado ruido...
tan solo para susurrarte que
Me sigo sorprendiendiendo
cada vez que te leo!!
(y hacía días ya en verdad)
Tu voz escrita suena a lluvia
y huele a tierra fresca siempre!
PORQUE AMAS SIENTES ESTAS

ah,cierto que los TITULOS inspiran
yo tengo poemas edificados a base de muchos de ellos! jaja

ya marcho... un saludo