7 de febrero de 2009

viento


Tenía un texto escrito desde anoche y se me acaba de borrar. Lo escribí a las tantas, cuando llegué a casa después de trabajar. No salí muy tarde para ser sábado, pero me entretuve hablando con mi madre en la cocina, suele esperarse a que llegue para meterse en la cama porque dice que si no, no puede dormir tranquila.

Hablaba de que estoy tan sumamente bien contigo que a veces me cuesta creer que pueda ser verdad. Tengo que parpadear un par o tres de veces seguidas y mirar a mi alrededor para asegurarme de que es real, de que estoy despierta. O acercarme a ti y besarte lento en la boca, o abrazarte fuerte, muy fuerte, para cerciorarme de que existes y vives en el mismo mundo que yo.

Decía también que lo que parece mentira, en realidad, es que esté tan bien y me entren estos disgustos repentinos, estos ataques de tristeza fugaz. Ayer me volvió a pasar en el restaurante, por culpa del gilipollas de mi jefe. De repente me entraron unas ganas enormes de llorar y no sabía dónde esconderme las lágrimas.

Últimamente tengo la sensación de que mis lagrimales están al límite de su capacidad y a la mínima rebosan. Supongo que viene de la época en que me dio por tragarme los sollozos.

No sé quién le ha apretado las tuercas al invierno pero vuelve a soplar el viento a mil por hora. Igual es una señal y lo que debería hacer es sacar todo lo que me pesa y tenderlo en la ventana, a ver si así el aire se lo lleva lejos, bien lejos de mí.

1 comentario:

Abril dijo...

existo, estoy aquí y te quiero

y sabes? yo creo que lo que te pesa es la huida hacia adelante, por eso, de vez en cuando, todas esas cosas que no has solucionado, aparecen de nuevo.

luego te veo (palmas) :)